martes, 27 de abril de 2010

Delicieux.

Imposible, delicioso. Es cómo sentir el dulce beso que viene de los labios del ser amado, cómo levantarse una mañana viendo el mar frente a un ventanal infinito, sentir la brisa que viaja hasta tu cara sabiendo que no tienes de que preocuparte, que el día es sólo para ti y nadie más; es cómo aquella tarde de verano en la que caminas por una ciudad en la que nadie te conoce; cómo un café a las ocho de la mañana en aquel cálido lugar con olor a tabaco, cómo esa alegría que se siente cada qué comienza un nuevo año; cómo ese amigo con quien inevitablemente sonríes, cómo ese abrazo maternal después de que has tropezado, cómo eso que sientes en el estómago antes de verlo, cómo pasar la tarde leyendo ese libro que hace años habías abandonado, cómo un día lluvioso y tranquilo en casa, cómo todo lo placentero en esta corta e insignificante vida, cómo todas las buenas memorias de tu infancia, llega suavemente hasta tus oídos, con una pizca de torpeza y deleitándote a cada momento, hermoso, hermoso Jazz.

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